La Sureña y la cerveza

La Sureña y la cerveza van, inevitablemente, de la mano. El éxito de este concepto de éxito de Restalia se debe, en gran parte, a su apuesta por los cubos de cerveza. Una idea innovadora que hace las delicias de todos y cada uno de los clientes que pasan por las Cervecerías La Sureña en algún momento del día. ¿Quieres saber un poco más acerca de los orígenes de la cerveza? En las siguientes líneas te resumimos la historia de esta exitosa bebida.

Se dice que somos lo que comemos… pero también lo que bebemos. Y aunque durante muchos años se ha pensado que la cerveza, como bebida alcohólica, era contraproducente para la salud, ahora los expertos insisten en que su consumo moderado ayuda a prevenir infartos de miocardio y accidentes cerebrales.

Así, conscientes de las beneficiosas propiedades de esta popular bebida de cebada, vamos a aprender un poquito más sobre sus orígenes milenarios.

Historia de la cerveza

La cerveza acumula muchos siglos de historia a sus espaldas. De hecho, en sus orígenes se utilizaba más como alimento que como bebida para celebraciones. Todo se debe a que su materia prima no es otra que la cebada, un tipo de cereal con propiedades muy beneficiosas para la salud.

La historia habla de que los sumerios fueron los primeros en elaborar cerveza hace más de 6.000 años, en los márgenes de los ríos Tigris y Eufrates. Un arte que heredaron los babilonios. De hecho, según los datos recogidos por una tabla asiria de hace 4.000 años, la cerveza era uno de los productos con los que se aprovisionó el Arca de Noé.

Del mismo modo, la cerveza era una bebida que se identificaba con los egipcios. Del siglo I a.C. se conservan escritos que explican cómo en Egipto se elaboraba una bebida de cebada llamada “zythum” (vino de cebada), de gusto y color agradable. Además, se mezclaba con dátiles, se endulzaba con miel y se perfumaba con canela.

Otra de las pruebas más longevas de la existencia de la cerveza se encuentra en China. Allí se elaboraba, hace 4.000 años, una bebida llamada “kiu” a base de cebada, trigo, espelta, mijo y arroz.

Y también los indios que encontró Colón al descubrir América en el siglo XV solían tomar una bebida fermentada que elaboraban con maíz.

¿La cerveza? Alemana

La cerveza, tal y como la conocemos hoy en día, es descendiente directa de la larga tradición cervecera germana. Ya las primeras tribus del país bebían un líquido fermentado llamado “mer”. Después, en el siglo XII, el rey Juan Primus impulsó el cultivo de cebada en sus tierras para poder hacer frente a las largas épocas de hambruna. Así, con tanto excedente de materia prima, la fabricación de cerveza se generalizó.

Además, era habitual añadirle hierbas aromáticas, como romero y tomillo, que le daban sabor y la conservaban mejor. Aquella bebida contenía muchas proteínas e hidratos de carbono, por lo que era muy nutritiva y la consumían tanto la nobleza como los campesinos.

Ya en el siglo XV, los mercaderes de Flandes y Holanda introdujeron el lúpulo en su elaboración, haciéndose tan popular que, desde el siglo XVIII, todas las cervezas se fabrican con este componente. Además, todavía se mantiene la “Ley de Pureza” promulgada en el siglo XVI el duque bávaro Guillermo IV, que obliga a producir la cerveza con cebada malteada, agua, levadura y lúpulo.

La Sureña: tradición cervecera en el siglo XXI

Si por algo es famosa la franquicia La Sureña es por sus cubos de cerveza. Una promoción redonda: 5 botellines en un cubo metálico y con hielo picado, para mantenerlos bien fríos. Y todo a precios aptos para cualquier bolsillo.

El éxito de Cervecería La Sureña se debe, en gran parte, a esa genial idea del cubo de cerveza. Desde que abriese su primer local a finales del año 2010, no solo se ha convertido en una de las marcas más populares entre los consumidores, sino también en una de las más solicitadas por muchos de los emprendedores que quieren poner en marcha un negocio rentable y con garantías de éxito probado.

En la actualidad, esta franquicia cuenta con más de 100 cervecerías repartidas por toda España. Un aval claro de que La Sureña y la cerveza van, sin duda, de la mano.

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